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En Hola Cíclope estamos tejiendo algo muy especial: el relato de Itzpapalotl, la mariposa de obsidiana. A lo largo de esta temporada, cada semana, iremos compartiendo fragmentos de su historia y la manera en que inspira cada puntada de su versión en crochet. Mantente atenta, porque cada publicación revelará un nuevo detalle de esta diosa mexica entre la leyenda y el amigurumi.
Desde tiempos antiguos, los pueblos mexicas hablaban de un susurro extraño que recorría los bosques al caer la noche. No era viento ni ramas. Era el batir de alas negras, profundas y brillantes como espejos de obsidiana.
Decían que, cuando el silencio se hacía más denso, ese murmullo anunciaba la presencia de Itzpapalotl, la mariposa de obsidiana.
Era una figura temida y venerada. Algunos la llamaban diosa, otros demonio. Para unos representaba el fuego y la fertilidad; para otros, la muerte y el sacrificio. En los códices se le describe con garras de obsidiana, alas resplandecientes y una energía tan poderosa que podía abrir portales entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
Pero todos coincidían en algo: nadie podía ignorar su vuelo.
Itzpapalotl es uno de esos símbolos que muestran la complejidad de la mitología mexica, donde la luz y la oscuridad se entrelazan en un mismo ser. En su vuelo encontramos tanto el misterio de la noche como la esperanza de un renacimiento.
Cómo se representan sus alas en amigurumi
Cuando decidí llevar esta leyenda al mundo del crochet, supe que debía concentrar toda la atención en aquello que la hace inolvidable: sus alas de obsidiana. Grandes, imponentes, negras y brillantes como espejos volcánicos.
En mi versión de amigurumi, esas alas no solo son un accesorio. Son el alma del personaje. Cada puntada fue pensada para transmitir ese contraste entre lo oscuro y lo luminoso, entre lo ancestral y lo kawaii.
Tejerlas fue un desafío: cada fila, cada cambio de color, se sentía como darle forma a la sombra de una mariposa que viajó a través de siglos para posarse en mis manos.



El negro profundo de la obsidiana es la base, pero no podía dejar de lado los destellos turquesa y naranja que evocan fuego, energía y movimiento. Estos tonos no solo le dan vida al diseño, también hacen eco de las mariposas nocturnas que aún revolotean en los bosques de México.
El turquesa conecta con el cielo y el agua, elementos que en la cosmovisión mexica son símbolos de renacimiento. El naranja recuerda al fuego y al cempasúchil, flor que guía las almas en Día de Muertos.
Al unir estos colores en un mismo amigurumi, la Itzpapalotl tejida se convierte en un puente entre tradición y modernidad, entre mito y ternura.
✨ Cuando sostienes a Itzpapalotl en su versión crochet, no sostienes solo un muñeco kawaii: sostienes un eco de leyendas que aún resuenan en el aire.
Este amigurumi de diosas es mi forma de rendir homenaje a la mitología mexica, y de demostrar que, con hilo y ganchillo, también podemos traer de vuelta la fuerza ancestral de nuestros símbolos.
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Feliz tejedera!
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